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martes, 25 de mayo de 2010

La credibilidad, o el dulce tacto de la espada y la presión de la pared...

Los sindicatos mayoritarios españoles se encuentran en una encrucijada: convocar o no convocar, he aquí la cuestión. Ahora que están negociando con la patronal, indican que no asumirán ninguna medida que sea "lesiva" para los trabajadores. No deja de ser curioso esto, ya que por el momento, las medidas de recorte SOLO han afectado a la clase trabajadora. El caso es que el gobierno les da de plazo hasta finales de mes para llegar a un acuerdo. De no ser así, legislará por decreto lo que ya viene siendo un secreto a voces: la pérdida de derechos de los trabajadores y la vuelta a las condiciones laborales del siglo XIX.
Si convocan es un gran problema: ¿quien muerde la mano que le dá de comer? Las subvenciones para formación son una fuente de ingresos hasta el momento inacabable, puesto que este tipo de entidades (curiosamente) no se mantienen con las cuotas de sus afiliados. Y si no convocan: perderán la escasa credibilidad con la que cuenta este grupo minoritario de "liberados" que "defiende" la causa laboral en nuestro país. Perderán el status que han alcanzado y dejarán de tener un lugar privilegiado en los círculos de poder, "allá" donde se toman las decisiones que afectan a propios y a extraños.
Ya es hora de que la sociedad civil reclame su protagonismo, porque sin "nosotros", "ellos" no son nadie. Porque en nuestras manos está cambiar las cosas.
HUELGA GENERAL YA!
Tan sólo añadiré que cuando haya movilizaciones, que las habrá, acudiré sin banderas porque ninguno de ellos me representa. Y será el día, descontado de mi nómina, mejor invertido en mi dignidad profesional.
Si queréis saber más:

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/05/28/espana/1275064566.html

http://www.elpais.com/articulo/economia/subida/tipos/IVA/julio/2010/elpepieco/20090927elpepieco_6/Tes http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=96999&cod_aut=

http://www.elpais.com/articulo/espana/nuevas/medidas/Gobierno/quiere/ahorrar/15000/millones/elpepuesp/20100512elpepunac_5/Tes http://www.libertaddigital.com/nacional/rosa-diez-los-recortes-son-para-tapar-las-vias-el-agujero-que-zapatero-ha-abierto-1276392895/ http://www.elmundo.es/elmundo/2010/05/28/paisvasco/1275046409.html

http://www.abcdesevilla.es/20100527/nacional-andalucia-actualidad/junta-admite-recortes-zapatero-201005270236.html

domingo, 21 de marzo de 2010

La interrupción voluntaria del embarazo, o las elecciones que marcan para toda la vida... Primera parte.

Fui a un colegio público. Un colegio de barrio, con mucha gente de distinta condición: hijos de la banca, de las profesiones liberales, de amas de casa, de mujeres separadas, de padres solteros y viudos, de vendedores ambulantes, de pequeños comercios... En el patio, cuando salíamos al recreo, lo único que nos diferenciaba era el tipo de juego al que éramos aficionados: los niños solían jugar al futbol, aunque alguna vez que otra hacíamos partidos de chicos contra chicas y les dábamos unas palizas monumentales; las niñas, pues depende, a veces al "pañuelito", otras veces al beisbol (con el brazo haciendo de bate), y cuando Don Onofre nos dejaba, sacábamos las redes (que parecían más de pescador que para hacer deporte, imagino que consecuencia de la falta de financiación de la escuela pública) para jugar a voleibol (mi favorito), aunque esas veces eran las menos. Había que tener cuidado, porque robaban a menudo, y más de una vez y más de dos, recuerdo que nos dejaban sin porterías, una pena, vamos.
Estudié religión, como la gran mayoría de mis compañeros. De aquella eran muy pocos los que se declaraban (los padres) agnósticos, ateos y similar. Sólo recuerdo a un chico, de etnia gitana, cuyos padres eran testigos de Jehová, el cual salía de clase en cuanto entraba Don Rafael, el profesor de Religión. Don Rafael era un hombre de mediana edad, con el pelo canoso y que se quedaba calvo solo por la zona de la coronilla. El resto de los profesores solían decir, no con poca guasa, que a los "hombres santos" les pasaba eso, se les despejaba la cabeza sólo por esa zona. Era un hombre cercano, que además ocupaba el puesto de orientador. Siempre estaba en todos los saraos, en las reuniones de padres, mediando con las masas, en las celebraciones del día de Andalucía organizando las filas y las banderas, o en las fiestas de disfraces de final de curso, que siempre era el que llevaba el disfraz más original. Todas las madres (y padres), o la mayoría, le pedían consejo sobre qué hacer con los chiquillos, y debía de ser muy bueno, porque siempre daba en el clavo. Cuando había algún problema con el grupo de los revoltosos, el jefe de estudios, Don Elías, siempre contaba con él para determinar el castigo, creo que porque consideraba que él podía excederse y Don Rafael era una persona muy ecuánime.
En sus clases, aparte de historia de las religiones, de todas ellas, nos inició en el arte de la ética y la moral. Pero también en valores fundamentales de la convivencia humana: la justicia, su favorita, la libertad, la igualdad, y todo aquello que podía hacer mejor a las personas: la comprensión, la empatía, el respeto (porque jamás nos habló de tolerancia, odiaba esa palabra), la necesidad de escuchar a los demás... Nos hablaba de ideología, de como cada uno de nosotros debía comprender donde está la línea que separa "lo bueno" de "lo malo", de los peligros de las drogas (muchos de sus alumnos cayeron en ese mundo y el nunca dejó de visitarlos y de interesarse por ellos), de sexo, pero también de responsabilidad.
Algunos de los otros profesores tachaban sus métodos de poco ortodoxos, y sobre todo una de ellas, Doña Mati. Una señora muy chapada a la antigua (aunque daba clases de inglés, mu moderna ella), que protestaba cuando Don Rafael nos ponía alguna película o decidía dar la clase en el patio, porque hacia un tiempo "extraordinario". Era esta una de sus palabras favoritas. Era un hombre que valoraba las pequeñas cosas, por eso hablo de él con admiración. En clase (o en el patio, cuando podíamos) siempre nos decía que todos y cada uno de nosotros éramos únicos, insustituibles, personas extraordinarias capaces de realizar cosas extraordinarias.
Solían ser los viernes, ya al final de la semana, cuando dedicábamos la clase a hablar sobre las cosas que ocurrían en el mundo, noticias que salían publicadas en los períodicos o algún cosa excepcional que nos pudiera interesar. Recuerdo sobre todo que era un maestro, pero con todas las letras. Uno de esos que es capaz de hacer que prestes atención a lo que está diciendo porque te envuelve con sus palabras y argumentaciones. Néstor, el chico más revoltoso de mi clase siempre decía que Don Rafael era capaz de vender un chubasquero a una pescadilla, y creo que si se hubiera visto en esa situación, la pescadilla habría salido con la prenda puesta de la tienda.
El caso es que en esos debates podíamos hablar de la pena de muerte, de la eutanasia, del aborto, del sida, de cualquier tema que estuviera de actualidad. Sin tabúes. Podías hacer las preguntas que te parecieran oportunas para aclarar tu postura, y dividiamos la clase en dos, los que estaban a favor o en contra, didáctica pura, vamos.
Un día, como otro cualquiera, empezó a hablarnos de la vida. De su inicio, de lo que significa el comienzo, el empezar, el aprender, el elegir, el tener que madurar, que enfrentarse a cosas a veces desagradables, y en la capacidad que nos vamos creando para tomar decisiones, a veces equivocadas. Empezó como uno de los juegos que a veces nos planteaba. Eran juegos que te obligaban a adoptar un principio sobre la vida y su concepción. Recuerdo uno en el cual había un grupo de unas doce personas (un niño, una niña ciega, una monja, un militar, una viuda, un hombre maduro, un científico, una abogada, un médico, un cura, un delincuente y una prostituta), un río y una barca que sólo podía cruzar tres veces, y la imposibilidad de combinar los niños con el delincuente, o la monja y la prostituta. Nos hizo una pregunta: ¿quién cree que se puede acabar con una vida? Néstor, el bandarra que me tiraba de la coleta en el recreo, dijo enseguida: "Pero eso no está bien, no? Eso es matar". Y ahí empezó la disertación, y como las cosas cambian según te vas metiendo en situación, y cómo ponerse en el lugar del otro, o de la otra, a veces es realmente complicado.

viernes, 29 de enero de 2010

El libre albedrío, o las decisiones tomadas con responsabilidad…

En estas últimas semanas he leído mucho sobre la responsabilidad, o la capacidad humana para comprender que las acciones y omisiones de un individuo conllevan consecuencias. A lo largo de las siguientes líneas intentaré explicar mi punto de vista sobre este asunto. En una sociedad en la cual se prima “ejercer derechos” frente a “asumir obligaciones”, es sencillo pensar que la balanza entre ambos se encuentra descompensada, y que la percepción de los mismos es errónea y alejada de la realidad. Trataré de ir despacio para no dejarme nada en el tintero.
1. LIBERTAD. Resulta que para asumir la responsabilidad sobre un hecho es necesario, en primer lugar, contar con libertad para poder elegir y tomar la alternativa o el camino que se cree conveniente en unas determinadas circunstancias. Partiendo de este punto, a través de esta libertad de elección, son varios los factores (psicológicos, sociológicos, sociales y económicos) que influyen a la hora de poner en práctica la toma de decisiones. Los factores psicológicos, o aquellos que se refieren a la capacidad intelectual. Con esto me refiero a que no puede equipararse una elección tomada por una persona con una discapacidad intelectual severa, ya que su percepción sobre la consecuencia de sus actos nunca será real, con una persona que carezca de ese impedimento. También se puede hablar de factores sociológicos o de socialización, es decir, aquello que en nuestra cosmología se percibe como correcto o incorrecto, dentro o fuera de la norma social, o “el bien” y “el mal”. En este último caso, habría quien podría argumentar que es esto una cuestión de sentido común (ciertamente el menos común de los sentidos), pero ¿a qué nos referimos cuando hacemos esta afirmación? En las clases de Antropología Social y Cultural, recuerdo con claridad al profesor hablando sobre este tema. Resulta que lo que para nosotros (occidentales, blancos y en su mayoría católicos, independientemente de su práctica más o menos activa) puede ser considerado como “sentido común”, os aseguro que no coincide en absoluto con lo que los miembros de la tribu semai, forrajeros de Malasia central, los yanomami en Venezuela, los san (bosquimanos) de Kalahari en África meridional o los pigmeos en Zaire, entienden como tal. Es por ello que lo que uno aprende desde pequeño como correcto o incorrecto determina su actuación en el futuro. También los factores sociales tienen influencia en la toma de decisiones: el apoyo social percibido, las redes sociales, los niveles de integración social, las relaciones personales y familiares, del mismo modo que los factores económicos actúan como restricciones a la hora de realizar determinadas elecciones.
2. LIBRE ALBEDRÍO. En segundo lugar, es necesario tener en cuenta que según esos factores y su influencia en un individuo determinado, así como su ubicación histórica y temporal, hacen que aquel se forme una opinión general sobre determinados aspectos de su propia vida y de la de sus semejantes. Esto es lo que se suele denominar ética personal, que no tiene por qué coincidir con la moral imperante en ese momento histórico. Quiero decir con esto que esa ética individual se sustenta en principios o valores superiores generales que pueden tener relación o no con la moral religiosa. Teniendo esto en cuenta, el individuo cuenta con un abanico de respuestas ante determinados hechos, y este abanico se ordena y establece prioridades en función de lo que el individuo considera conveniente. El libre albedrío, ese que hace a cada persona única e insustituible, el que nos diferencia de los animales irracionales y nos concede la virtud de “humanidad”.
3. TOMA DE DECISIONES. En función de los dos aspectos anteriores, se realiza la elección de respuestas y comportamientos en las situaciones cotidianas. Y lo verdaderamente interesante viene ahora.
4. LA RESPONSABILIDAD SOBRE LAS ELECCIONES Y LAS CONSECUENCIAS QUE LAS PRIMERAS TRAEN CONSIGO. Aquí es donde se encuentra el “quid” de la cuestión. Hablábamos anteriormente de la capacidad del ser humano para tomar decisiones, pero esa misma capacidad ha de ostentarse a la hora de asumir las responsabilidades de nuestros actos, aún más cuando estas son negativas o no deseables. Todas las capacidades humanas han de entrenarse, de perfeccionarse con el tiempo. Digamos que se trata de un modesto juego de ensayo y error, y que a medida que se van obteniendo “puntos de experiencia”, se va adiestrando las habilidades que día a día van formando nuestra personalidad y nuestra posición ante las situaciones cotidianas.
Pero, a tenor de los muchos asuntos que ahora acontecen, ¿diríamos que somos personas responsables, en el amplio sentido del término? Quiero decir con esto que cuestiones como el fracaso escolar, la violencia en las escuelas, la educación por parte de los papás y las mamás de las nuevas generaciones, la aplicación de la ley de “igualdad”, la ampliación de la legislación respecto al aborto, la concepción sobre la energía nuclear, el desempleo, la falta de liderazgo político, la inexistencia de la separación de poderes que proclamaba Montesquieu, el calentamiento global (o enfriamiento mental generalizado), el futuro del sistema de pensiones, la ley del menor… se hacen vistosos ante nuestros ojos, esperando que apliquemos el razonamiento lógico. Rectifico. Quizá la pregunta no es si somos responsables o no, sino si estamos dispuestos a asumir las consecuencias de nuestras acciones, sobre todo cuando estas siempre tienen repercusión en el futuro.