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viernes, 6 de mayo de 2011

Los objetivos del milenio, o la casa por barrer...

Leo y vuelvo a leer los objetivos del milenio y creo que algo falla. Sí, son esos que se redactaron en el año 2000 y que debían cumplirse en el año 2015. Atañen a la erradicación de la pobreza extrema y del hambre, la enseñanza primaria universal, la igualdad de género y la autonomía de las mujeres, la reducción de la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH, paludismo y otras enfermedades, garantizar el sustento del medio ambiente y el fomento de una asociación mundial para el desarrollo. Y algo pasa. O abarcamos mucho, o hemos hecho muy muy poco. Los que hacemos proyectos sabemos de sobra que los objetivos han de ser realistas, coherentes y concretables en acciones. Sorprende ver cómo en la ONU, no han tenido en cuenta estas premisas.
Y es que pasa una cosa: o bien nos hemos pasado buscando objetivos (que por otra parte, creo que es lo mínimo a lo que debe aspirarse) o a estas alturas tendremos que reconocer que poco o nada se ha hecho, que son escasas las contribuciones de los países, mermada la conciencia de los que miran para otro lado, volátil el compromiso de aquellos que dijeron WE CAN y rápido el olvido de todo lo que queda por hacer.

martes, 22 de diciembre de 2009

El coltán, o la nueva explotación de recursos...

“Quien controle el coltán, controlará el mundo”. Alberto Vázquez Figueroa.
Para hablar de esta cuestión, lo mejor es tirar de números: - 15 años de guerra. - 750.000 personas desplazadas. - 1.300.000 niños con malnutrición. - 5 millones de muertos. El coltán, ese gran desconocido, aunque cada vez menos, resulta que tiene una serie de propiedades que le hacen ser muy especial: no se oxida con facilidad, es un buen conductor de electricidad y soporta las altas temperaturas, lo que le convierte en un elemento fundamental para la industria bélica, para el desarrollo de las telecomunicaciones y también para la medicina "de última generación". Además de todas estas propiedades, se trata de un bien escaso (por lo tanto de un bien codiciado y con valor económico) y que, casualmente, se encuentra mayoritariamente en una zona geográfica sacudida por una guerra detrás de otra. Hablo del Congo. Un país que algunos no son capaces de situar en el mapa, pero que no por ello deja de existir, de tener problemáticas y de requerir la atención de la comunidad internacional. En este país, donde el conflicto étnico es el "pan nuestro de cada día" se suman otros factores que hacen que la situación para los refugiados desplazados de su territorio sea insostenible. Esos factores son: - no contar con un estado (en el amplio término de la palabra) de derecho, que garantice los derechos y libertades de sus ciudadanos. - ser el territorio que alberga el 80% de las reservas mundiales de mineral de coltán. Ambos factores combinados tienen como consecuencia que la explotación de los recursos naturales, el coltán en este caso, no beneficien a las poblaciones locales, debido principalmente a la corrupción, instalada en todos y cada uno de los estamentos sociales, a la falta de escrúpulos de las grandes multinacionales (que no se preguntan si el mineral ha sido obtenido de manera legal o fraudulenta) y al desinterés por parte de la comunidad internacional y la falta de intervención de mano de la ONU (esa institución que todos financiamos pero que no tengo nada claro a qué intereses responde). Y volvemos a la misma cuestión de siempre: tengo recursos que podrían hacerme rico, pero no puedo comerciar con ellos, y a cambio recibo el programa de alimentos. Insisto, el día que los damnificados por estas prácticas poco responsables y nada éticas se levanten para escapar de la desesperación, volveremos a los palos y piedras.