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martes, 11 de octubre de 2011

sábado, 30 de julio de 2011

miércoles, 6 de julio de 2011

Todos somos Miguel Angel...

Hace catorce años, ese mismo día era sábado. Tras acabar el instituto con unas notas no demasiado brillantes, y con las mates como compañía eterna durante casi todos los veranos, realizó un viaje con su familia a la playa. Su carácter, difícil por naturaleza, y acentuado por lo que llaman "edad del pavo" se hacía insufrible (eso decía su madre, aunque a él le parecía que no era para tanto), junto con un calor particularmente acusado en la costa blanca.
Solía ir solo, con la única compañía de un discman, a pasear por la playa. Y hacerse preguntas sobre temas sin importancia: ¿cuando saldrá el próximo Warcraft? ¿qué harán hoy las chicos? ¿estará Alba en la piscina con su bikini azul cielo? ¿Cómo demonios funcionan los neumáticos de lluvia? Cosas de los 16, o eso dicen.
Después de comer, acudieron como siempre a la playa para tomar un baño. Dicen que es la peor hora por los rayos UV y los posibles cortes de digestión, esos de los que se advierte en todos los telediarios desde el mes de junio hasta casi octubre. Pero era una hora como otra cualquiera. Él, distraido, fue a darse un baño, tras una buena ración de filetes rusos y un generoso vaso de salmorejo (receta especial de su madre). El agua estaba buenísima. Limpia y fresca. Sin espumas ni algas, ni restos humanos, aparentemente, de ningún tipo. Incluso cerca de las rocas, el agua rompía con fuerza y podían verse pequeños bancos de peces, tratando de alimentarse. Cuando salió del agua, se dirigió a la sombrilla "arco iris" y se tumbó al sol. Tiritaba. El agua estaba fría y se agolpaba en pequeñas gotitas empapando el bañador vaquero comprado en las rebajas, y que tardaba una eternidad en secar.
Su padre, con el transistor en la mano, parecía tranquilo. Incluso a punto de iniciar una de sus siestas. Pero de repente se levantó, se cubrió la cara con las manos y sólo pudo decir: "Lo han hecho, es increible". Eran cerca de las cinco de la tarde.
El chico se acercó y sorprendido preguntó: "¿Qué te pasa? ¿Qué han hecho? ¿A quienes te refieres?". Sin mediar palabra, el padre comenzó a recoger todo el campamento. Cuando casi había terminado, llegó la madre con la pequeña, se miraron y decidieron que era el momento de irse.
El joven adolescente no entendía nada, pero no dejó de preguntar durante el tiempo que pasó hasta que llegaron a casa. Una vez allí, siguió preguntado y se dió cuenta de que no estaba en el mundo. Estaba sí, pero no "del todo". Recogieron todas las cosas porque el fin de semana había terminado para todos ellos. De camino en el coche, el chico seguía preguntando, ávido de una información que estuvo largo tiempo a su alcance, pero que nunca se había interesado en asimilar. Entrando en Sevilla podía hacerse ya una pequeña idea de lo que ocurría, aunque entendió que era un comienzo. Su comienzo.

miércoles, 22 de junio de 2011

Enseñar...

Érase una vez un panadero. No cesaba de ensayar harinas para hacer panes cada vez mejores. Diariamente, horneaba miles de hogazas. Entre tanto, estudiosos varios que jamás habían hecho un triste panecillo, escribían sobre el tema. Un día le pidieron que diera la ponencia inaugural en un congreso sobre panificación. "No puedo", les dijo, "ando ocupado haciendo el pan que os comeréis los congresistas". Quien sabe hacer las cosas, las hace; quien no sabe hacerlas, las explica; y quien no sabe ni explicarlas, las enseña. Es un chiste malicioso que cuentan los estudiantes, injusto con tanto profesor competente como hay. Pero descriptivo de la mediocridad real que, a lo largo de la historia, se adueñó de cátedras, tribunales y academias. ¿Quién enseña qué, hoy en día? ¿Qué sabrían de astronomía los oscuros inquisidores que condenaron a Galileo? En la Barcelona de hace un siglo, el cardenal Casañas, poseedor de sólidos desconocimientos en biología, hizo apartar de la universidad al catedrático evolucionista Odón de Buen a fin de preservar su propia ignorancia. ¿Cómo puede ejercerse el magisterio desde la ignorancia? Fácil: con aplomo. El aplomo con que los analistas financieros comentaban un mundo que no entendían antes de que se hundiera en sus narices. ¿Por qué deberíamos confiar en gente que se equivoca tanto, sean obispos, banqueros o catedráticos? Los panaderos de a pie empezamos a cansarnos de tanto yerro exegético de salón. Los postulados sostenibilistas vienen dando en el clavo; los desarrollistas, no. APRENDER. Quien siempre enseña nunca aprende. Aprender es una actitud. Una actitud ligada a la experimentación, además. Esa es la grandeza del método científico. Todo es revisable, cualquier certidumbre provisional debe ser recomprobada. Aprende el buen panadero que mejora la mezcla ya excelente que ensayó el dia anterior. No aprende el académico que refríe especulaciones. Y si paras de aprender, comienzas a ignorar. Aprender cuesta. Para empezar, es un acto de humildad. En segundo lugar, requiere esfuerzo. Esfuerzo, sobre todo, para subvertir los propios convencimientos. Por internet circula un video muy divertido en el que un monje medieval, experto en copiar rollos de pergamino, se enfrenta con un libro encuadernado. Se comporta como un aprendiz de informática ante un nuevo programa que desconoce. Esa es la gracia del gag: el monje no sabe abrir el libro, no sabe cerrarlo, no sabe pasar página... Aprender conlleva desaprender tics y malos hábitos, o buenos hábitos obsoletos. Recibo un e-mail con publicidad anglosajona pasada por un traductor automático: "Ahora usted no tiene la posibilidad de elegir entre su esposa y su satisfaccion bolsillo! Usted puede hacer cualquier reloj para ella, con su gusto y su presupuesto. Es sin duda gracias por su eleccion. Siempre estan listos para un muy importante". Aprender una lengua no es confiarse a un deficiente programa informático. El aprendizaje de las lenguas y de la panificación son "una larga experimentación", que decía Goethe. Una larga, laboriosa y humilde experimentación. El de la sostenibilidad, también. Lo digo porque es una de las cosas más importantes que ahora debemos hacer, en especial quienes ya lo saben todo sobre cuanto no hay que seguir haciendo. Si queremos salir adelante, claro.

martes, 4 de enero de 2011

De las élites, o de las exclusiones de la vida política y sus consecuencias...

Desde hacía algún tiempo, y tras haber leído un poco sobre el tema, tenía una teoría que se ha visto reforzada en vista de los acontecimientos. Hace muchos años, Pareto, un señor muy inteligente y que casi siempre era el centro de las tertulias de cafetería en la facultad, describía las élites con una minuciosidad que me entusiasmó y me ayudó a analizar lo que ocurría en mi entorno más amplio. Bottomore, Mills o Mosca, cada uno con lo suyo, también contribuyeron a despejar muchas incógnitas. El caso es que todo el mundo sabe qué son las élites y que existen, y se ven! Y aquí esta el asunto: de verdad son visibles? Mi teoría radicaba en que en nuestro sistema jurídico político existía un microsistema, el cual estaba formado por personas (más o menos físicas) que estaban por encima de todo lo mundano, pero que no salen en los periódicos. Algo así como un Bilderberg, pero a la española.
En todos los países hay una serie de políticos que ilustran las portadas de los diarios con noticias del tipo "y tú más" sobre todo últimamente, pero no son ellos quienes manejan el cotarro. ¿O no es cierto que hay personas y poderes que "perduran" a pesar de los cambios de gobiernos? Esta idea se organizó y cobró peso tras devorar otro libro, que recomiendo siempre, "El sistema", de un autor, el cual, a pesar de no compartir algunos de sus postulados, creo muy acertado en este asunto. En el, se explica con detalle como existe una "entidad" superior a todo lo social, político, jurídico y económico, que maneja la conveniencia de unas u otras decisiones, siempre siguiendo un hilo argumental tejido con gran sutileza. Porque la toma de decisiones parece estar en manos de unos pocos, cada vez con más claridad, y éstos construyen lo correcto e incorrecto, lo subvencionable o no, incluso se atreven a edificar una "ética" a la cual aferrarse cuando no hay nada más donde poner un pie. Y esto viene siendo así ya desde la transición democrática.
Siguiendo esta teoría, existen una serie de "entendidos" que guían, controlan y orientan, siempre hacia su propio beneficio, el devenir de una sociedad completa, la cual, con sus carencias y sus fortalezas piensa "borreguilmente" que es dueña de sus destinos, que las élites se "eligen" en las urnas y que éstas "hacen lo mejor para nosotros" (pero sin contar con nosotros, a que os suena eso?). Estas personas, se apropian de ideas que no les corresponden para encumbrar sus cada vez más escasos logros, y justifican la crisis que ellos mismos han provocado, como un fallo de estructura (una estructura construida y desarrollada por ellos). Y siempre tienen a alguien detrás, soplando suave en la oreja.
Esta mañana escuchaba en la radio el abandono de la política de Álvarez Cascos, y las justificaciones que explicaban tal decisión. El caso es que este hecho que atañe a un señor que, personalmente nunca me agradó en exceso, estoy convencida de que tiene una interpretación distinta a la que se está dando, y que tendrá consecuencias que ahora sólo unos pocos podemos ver. Y no es el único caso, porque zancadillas, empujones y demás jugarretas no tienen un único color político. Pasa en todas las familias. Además de que aquello de "los enemigos de mis enemigos son mis amigos" se ha convertido en una máxima que bendice muchas carreras políticas.
La falta de democracia interna en los partidos políticos, las decisiones de las camarillas en cuartos oscuros y la indiferencia ante los votantes y militantes del partido, ya están trayendo consecuencias muy negativas, no sólo para la clase política, sino para toda la sociedad. La falta de implicación, la indiferencia e incluso la no participación en los mecanismos que se organizan para ello, no mejora los posicionamientos, sino todo lo contrario. Si bien estas características de la sociedad actual han sido alimentadas con "carbohidratos acríticos, vitaminas aleccionantes y proteínas de tipo pensamiento único", por las consiguientes legislaciones en materia educativa. Porque a todos ellos, sin excepción, les interesa nuestro desinterés. Y cómo!!!! Siempre fue más cómodo que te paguen por no hacer nada, verdad?
Pero, ¿esto esto tiene cura? ¿Hay remedio para esta situación? La vacuna para muchos de los males que nos afectan, creo que se encuentra en la sociedad civil. Una verdadera articulación de la sociedad ante los abusos y desmanes de los que nos gobiernan con opacidad (y a los cuales se les ha olvidado que están donde están por nosotros) para hacer ver que estamos, contamos y somos importantes. Las mordazas en forma de subvenciones, dádivas, puestos de libre designación y demás "premios", encadenan la libertad, la autocrítica y las propuestas de cambio, de un cambio que siempre es posible.
Cada vez tenemos más razones para reivindicarNOS, sólo nos falta dar el paso...

viernes, 3 de diciembre de 2010

Virgencita, que me quede como estoy? No, gracias...

A veces hay decisiones importantes que hay que tomar con un pequeño margen de tiempo. Elecciones que conllevan riesgos, siempre asumibles, y que se presupone se hacen para cambiar a mejor. Me contaba una amiga de una amiga, que llevaba una semana "flirteando" con otro. Tenia un matrimonio estable (dentro de lo que es posible en un matrimonio), llevaban dos años y pico y parecía que había grandes posibilidades. Pero le faltaba algo. Ella, inconformista por naturaleza, sentía que era poco lo que el mundo le ofrecía y quería más. No estaba dispuesta a que lo más emocionante de su vida fuera colorear sus labios de rojo ruso.
Un día llegó a su oficina, casi una hora más tarde de lo habitual a causa de un atasco, y se lo planteó directamente a su jefe. "Si tienes un momento, me gustaría hablar contigo. Es personal, es urgente y tengo que comentarlo contigo hoy sin falta". Él, con los aires de superioridad que le caracterizaban, puso cara de interesante y le indicó que pasara. Cerró la puerta tras de sí y tomó asiento. "Hace tiempo que vengo pensando que necesito un cambio. Me siento estancada y esta relación laboral no me aporta satisfacción. Mis condiciones no mejoran y tengo una oferta, que me interesa y mucho." Su jefe, asintió con la cabeza, mostrando la empatía que jamás había demostrado antes y sin mirarla a los ojos le comentó: "Es una pena, a partir del mes de enero íbamos a mejorar tus condiciones: cobrarías lo que te corresponde por convenio según tu categoría, trabajarías el total de horas establecidas y ni una más, y pasarías, tras dos años y medio, a la situación de indefinida en la empresa". Ella, sin dudar ni un segundo y de buenas maneras, pero sin evitar añadir cierto toque de ironía comentó: "No lo dudo, pero no me interesa, gracias".
Se levantó de la silla, abrió la puerta con energía y se sintió libre. Llegando al despacho de recursos humanos, simplemente se despidió, ante el asombro (con algo de admiración) de sus compañeros. Cogió sus cosas, dejó su odiada Blackberry, y se marchó, sabiendo que no los echaría de menos, y convencida de sí ocurriría a la inversa. Enfrente del ascensor, esperaba a bajar de las alturas, a la vida real, apretando el botón de planta baja. Una vez salió a la calle, soltó una carcajada y montó en el coche, que estaba por cierto mal aparcado. Encendió el pitillo de la victoria y puso la radio. Y mientras volvía a pintarse los labios con rojo más soviético que nunca sonaba Iron Maiden.

viernes, 23 de julio de 2010

La vida se abre camino, o del crecimiento natural acompasado...

Son amigas desde hace años. Un día como otro cualquiera, quedaron para verse en una cafetería, a pesar de que ninguna de ellas toma café. Supongo que quedar en estos sitios es simplemente una excusa para una charla entretenida y unas cuantas horas de novedades, independientemente de lo que decidas tomar. Dos "poleos" más tarde, y casi sin poder aguantar más con el secreto, ella contó la gran noticia: "voy a ser mamá". Besos, abrazos y varios lagrimones después, comenzaron a imaginar sus vidas: cambios y más cambios. Etapas que terminan y otras nuevas, apasionantes, que empiezan.
Después de aquello las visitas se hicieron aún más habituales, por aquello de "comprobar" la evolución del crecimiento abdominal (jaja) que por el momento era lento, muy lento. Sería quizá la inquietud de ver los resultados lo que hacía que pareciera que todo fuera como siempre, pero sin serlo. Los efectos secundarios, en todo su amplio abanico, exceptuando los antojos (siempre he pensado que se trata de una invención). Quizá el más habitual, la somnolencia. Pero todo superable y superado.
De esto hace ya veintiseis semanas (porque desde entonces el tiempo ya no se mide en meses). Quedaron de nuevo en la misma cafetería. Esta vez tomaron zumo natural. Hacía algo más de 8 semanas que no se veían, pero nada había cambiado. Nada, salvo el abdomen de la futura mamá. Y allí estaba ella, con su mirada de siempre, pero más calmada. Sin maquillaje, transparente. Siempre he oído que "las embarazadas" tienen un algo distinto y, la verdad, nunca me había parado a pensar en ello, quizá porque nunca lo he percibido. Pero ella tenía una luz especial; transmitía una paz que impregnaba cada espacio y su magnetismo atraía todas las miradas.
Después de varios vasos de agua fría (sin hielo) y algún que otro "cierre la puerta, por favor", se sentía algo mareada. Recostada en el sillón, puso los pies en alto, mientras su amiga, algo asustada, improvisó un abanico de papel que era más una buena intención que un instrumento efectivo. Pasados unos minutos, su semblante mejoró recobrando el colorete en las mejillas. De repente, dió una gran carcajada y acercó su mano a la de su amiga, colocándola con suavidad sobre la tripa. Y allí estaba. Al principio leves burbujas y después un suave coscorrón, seguido de otros más escuetos. Ambas se miraron y sonrieron. Las futuras mamás se acostumbran a esas cosas, pero para su amiga era distinto. Su cara reflejaba la ilusión y el entusiasmo de todas las primeras veces. Nunca antes había tenido oportunidad de percibir esa sensación y le sudaban las manos a causa de los nervios. Temblorosa y emocionada, miraba a su amiga con admiración, suponiéndola parte necesaria para obrar el milagro. También con agradecimiento, por compartir con ella momentos tan únicos. Tras eso, ella le preguntó: "¿Tienes miedo?" Y la respuesta provocó que se cogieran de la mano y apretaran fuerte.
Aún no tiene nombre, aunque parece que sus papás están más cerca de ponerse de acuerdo, sin embargo, ya forma parte de nuestras vidas.

domingo, 21 de marzo de 2010

La interrupción voluntaria del embarazo, o las elecciones que marcan para toda la vida... Segunda parte.

Resulta que es imprescindible conocer los condicionantes que empujan a las personas a tomar algunas decisiones difíciles. Don Rafael nos dijo siempre que a veces hay aspectos externos que influyen a la hora de realizar una elección, y que muchas veces, el individuo no se siente con libertad para afrontar su decisión.
Ponía el caso de una adolescente, que habia sido víctima de una violación y de cómo la ley le daba opción a poner fin a ese embarazo. ¿Qué os parece? ¿Estaría mal llevarlo a cabo?
Este tipo de situaciones específicas hacen pensar que quizá lo que no estuvo bien desde el inicio, no debe continuar adelante. Pero, ¿quien ha de juzgar eso y bajo qué criterios? Me explico, en los casos que se han contemplado desde hace años como "despenalizados", esos cuatro supuestos, creo que no hay duda alguna de que si en algún momento ocurren, una de las opciones sea la interrupción voluntaria. Creo que en lo que a esto se refiere no hay, o eso pienso yo, discrepancia alguna.
Pero, que ocurre con esos casos cada vez más habituales, descuidos e irresponsabilidades, que traen consigo un embarazo no deseado, ¿ha de plantearse la interrupción como una opción?
Hace algunas semanas terminé de leer un libro titulado "Cartas a un niño que nunca nació", escrito por una periodista italiana. Narra la vida de la protagonista, que embarazada, está dispuesta a llevarlo a buen término, a pesar de la incomprensión de su entorno. Finalmente, pierde el bebé que esperaba, por causas naturales, y el libro se centra en sus sentimientos ante esa pérdida y como va reordenando sus ideas para poder superarlo, junto a diálogos dirigidos a esa vida que ya no está. Estremecedor. Era invierno todavía cuando mi mejor amiga me comunicó que estaba esperando un bebé. Pasó de la sorpresa a la emoción, ternura y esperanza en cuestión de un par de días. Miedo, claro. A lo desconocido es normal tenerle miedo. Aproximadamente a las dos semanas tuvo un aborto espontáneo. Su cuerpo no estaba preparado para tantos sentimientos.
He leido la ley, detenidamente. Para ver qué cambios incorporaba, aparte del evidente. Y no soy capaz de posicionarme. Entiendo que hay ocasiones en las que es muy duro tener que enfrentarse a determinadas consecuencias. Pero sé también que cuando uno corre riesgos ha de afrontar que las cosas salen a veces como uno no espera. También soy de las que piensan que una verdadera política familiar ofrece oportunidades (ayudas en el nacimiento, fomento del empleo para madres jóvenes, escuelas de padres, plazas de guardería), pero claro. Todo esto supone un coste elevado. Es más barato tomar otro tipo de medidas. Me viene además a la cabeza ahora la estadística, que sigue señalando que somos el país con la tasa de natalidad más baja de toda Europa. ¿Por qué no podemos ser como los suecos?
Sobre todo intento ponerme en su lugar. Comprender las motivaciones para entender una y otra decisión. Y no me siento capaz de juzgar a nadie. Sé lo que yo haría, o creo saberlo. Pero también es fácil no habiendo estado nunca en esa situación.
Por cierto, mi mejor amiga esta de nuevo embarazada. Está radiante, con una luz especial en la mirada. Afronta el futuro con esperanza y se prepara para su nueva vida. Una nueva etapa que empieza...