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sábado, 24 de marzo de 2012

martes, 1 de noviembre de 2011

De "Referéndum", o del miedo a la democracia...

Hoy ha salido en prensa que, por fin, Mr. Papandreu va a preguntar a sus conciudadanos qué opinan de las reformas llevadas a cabo estos dos últimos años.

http://www.20minutos.es/noticia/1205967/0/grecia/recortes/referendum/

Y es que ya debía de sentirse culpable, teniendo en cuenta que ha seguido los consejos de Europa desde hace un par de años, y las cosas no sólo no mejoran, sino que cada vez tienen peor color. Debe ser eso, o bien el saber que su final está cerca y que ya tiene demasiados frentes abiertos, lo que le inspira a preguntar a su pueblo si cree que está dando palos de ciego o bien va por el buen camino. No deja de ser curioso cómo han reaccionado los mercados, las bolsas, los gobiernos vecinos...

http://www.20minutos.es/noticia/1206071/0/prima/riesgo/espana/ Parece que todo el mundo, en general, está muy preocupado por lo que puedan pensar los ciudadanos griegos y la forma de proceder en el futuro. ¿Es miedo a la democracia o miedo a que digan de forma clara y directa que la política de recortes no funciona? ¿Evidenciará la respuesta de los griegos que la crisis no se ha abordado con los medios necesarios y que las medidas llevadas a cabo no han sido más que "cavar el hoyo un poco más profundo"? A mí, con todo esto, me surge una reflexión: si el estado es soberano, la soberanía emana del pueblo, ¿cómo se han tomado todas esas decisiones sin preguntar al principal protagonista? Otra cosa será empezar a pensar que los estados no son soberanos y que ya no toman decisiones sobre cuestiones estratégicas; que ya no controlan el movimiento de recursos y que en su lugar lo hacen organizaciones supranacionales cuyos miembros no han sido democráticamente elegidos. ¿Es entonces lógico seguir hablando de soberanía, de estado, de democracia? A la espera de lo que decida el pueblo griego, con legitimidad y soberanía para elegir la mejor forma de abordar la situación, personalmente me quedo con una frase de Churchill: "La democracia es el peor de los regímenes, a excepción de todos los demás".

viernes, 10 de junio de 2011

De las encuestas en épocas sombrías, o de la pérdida de confianza...

Ayer se publicó la encuesta del CIS, donde se constata algo de lo que ya he hablado aquí con anterioridad: los ciudadanos y los sistemas de administración de justicia.
Aparte de opiniones generalizadas sobre la problemática del desempleo, el drama de la pérdida de subsidios, la percepción de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, la seguridad ciudadana, y demás asuntos, sin duda lo más llamativo es la valoración de las instituciones judiciales, según mi punto de vista. A este respecto, la encuesta señala que el 61,9% (nada más y nada menos) de los españoles tiene "poca o ninguna confianza" en los tribunales de justicia. Insisto en que los factores económicos son muy importantes, pero no lo son menos los sociales, y esta opinión refleja una crisis social muy relevante. Cuando flaquea un pilar tan importante para la sociedad como la administración de justicia, se tambalea todo el entramado en el que hemos construido nuestro sistema de convivencia. Es para reflexionar, sin duda...
http://cabofarvel.blogspot.com/2010/08/de-la-justicia-o-del-resarcimiento-de.html

miércoles, 23 de marzo de 2011

La conciencia ciudadana, o la falta de participación de los protagonistas...

De un tiempo a esta parte, se oye mucho la siguiente frase: "Esto es una vergüenza, pero ¿qué podemos hacer nosotros?". Siempre he pensado que lo que hace fuerte a una sociedad son las voces de sus integrantes, los acuerdos o las protestas siempre han conllevado DIÁLOGO. Éste se estimula con la propia política, que a su vez se alimenta de esas nuevas ideas, formando estructuras nuevas. Los Estados tienen una estructura que, por innamovible que parezca, se va transformando y adaptándose a esos requerimientos. Porque no le queda otro remedio.
Había un señor muy famoso, será por eso por lo que no recuerdo su nombre, que decía "la burocracia se expande para satisfacer las necesidades de una burocracia en expansión". Y se quedó tan agusto. Y es que partiendo de la idea de CONTRATO SOCIAL, que obliga al individuo a delegar determinadas materias en el Estado, nunca debe olvidarse que éste último existe gracias al primero y a la legitimidad que otorga el ciudadano a esa delegación de funciones: es por esto que, por ejemplo, no podemos matar a quien nos roba, sino que facultamos al sistema de justicia para que ejerza el monopolio de control sobre la violencia y nos subordinamos a las leyes.
Pues bien, parece que el desequilibrio avanza entre las capacidades del Estado y del sistema, y la opinión de sus ciudadanos sobre estas actuaciones. Y aquí caben dos posibilidades: la resignación o el despertar de las conciencias.
La instrumentalización de los mecanismos del Estado se realiza a través de la política y la legitimación de la idea de que "el poder emana del pueblo" aunque tenga representantes. Pues bien, olvidar esta cuestión creo que es la raíz de muchos de los problemas que nos acontecen.
¿Qué ocurre cuando los dirigentes del Estado olvidan (o apartan de su mente) esa idea de representación? Desde mi punto de vista, se pierde la legitimidad de representación, y como decía, el ciudadano tiene dos opciones.
La primera, la resignación. La más común, para mi desgracia, es aquella en la que el ciudadano, a causa de las maniobras de manipulación de la clase política, HA OLVIDADO que es él mismo el que manda, el que ha de marcar los tiempos y que debe hacerse oir. En este caso es habitual escuchar comentarios del tipo: "total, si son ellos los que mandan, qué le vamos a hacer". La segunda, el despertar. Es menos común, pero está ganando posiciones. Es algo que ocurre cuando el ciudadano es consciente de su situación en el mundo. Viene a ser la concepción de conciencia colectiva, de la que hablaba Durkheim, y la comprensión de que las cosas pueden cambiarse si somos capaces de organizarnos.
Hay quien me tacha de "activista", de "rojilla", de "revolucionaria", y no me considero ninguna de las tres cosas. Simplemente trato de potenciar un derecho que algunos piensan que ya nos han quitado. Y es el derecho a mejorar.
Nadie dijo que fuera fácil, porque los derechos no se otorgan, se conquistan.