domingo, 24 de junio de 2012

sábado, 24 de marzo de 2012

domingo, 12 de febrero de 2012

lunes, 7 de noviembre de 2011

martes, 1 de noviembre de 2011

De "Referéndum", o del miedo a la democracia...

Hoy ha salido en prensa que, por fin, Mr. Papandreu va a preguntar a sus conciudadanos qué opinan de las reformas llevadas a cabo estos dos últimos años.

http://www.20minutos.es/noticia/1205967/0/grecia/recortes/referendum/

Y es que ya debía de sentirse culpable, teniendo en cuenta que ha seguido los consejos de Europa desde hace un par de años, y las cosas no sólo no mejoran, sino que cada vez tienen peor color. Debe ser eso, o bien el saber que su final está cerca y que ya tiene demasiados frentes abiertos, lo que le inspira a preguntar a su pueblo si cree que está dando palos de ciego o bien va por el buen camino. No deja de ser curioso cómo han reaccionado los mercados, las bolsas, los gobiernos vecinos...

http://www.20minutos.es/noticia/1206071/0/prima/riesgo/espana/ Parece que todo el mundo, en general, está muy preocupado por lo que puedan pensar los ciudadanos griegos y la forma de proceder en el futuro. ¿Es miedo a la democracia o miedo a que digan de forma clara y directa que la política de recortes no funciona? ¿Evidenciará la respuesta de los griegos que la crisis no se ha abordado con los medios necesarios y que las medidas llevadas a cabo no han sido más que "cavar el hoyo un poco más profundo"? A mí, con todo esto, me surge una reflexión: si el estado es soberano, la soberanía emana del pueblo, ¿cómo se han tomado todas esas decisiones sin preguntar al principal protagonista? Otra cosa será empezar a pensar que los estados no son soberanos y que ya no toman decisiones sobre cuestiones estratégicas; que ya no controlan el movimiento de recursos y que en su lugar lo hacen organizaciones supranacionales cuyos miembros no han sido democráticamente elegidos. ¿Es entonces lógico seguir hablando de soberanía, de estado, de democracia? A la espera de lo que decida el pueblo griego, con legitimidad y soberanía para elegir la mejor forma de abordar la situación, personalmente me quedo con una frase de Churchill: "La democracia es el peor de los regímenes, a excepción de todos los demás".

martes, 11 de octubre de 2011

lunes, 3 de octubre de 2011

sábado, 30 de julio de 2011

viernes, 29 de julio de 2011

viernes, 8 de julio de 2011

De los tesoros robados, o de algo inquietante, por fin...

Eulalia irrumpió en la sala con los ojos desencajados. Con su pañuelo en la mano, y agitando los brazos como psicótica, se dirigió a Don Eusebio, que conversaba con otras feligresas un viernes por la tarde. Enseguida, todos hicieron un corro en torno a ella. Doña Brígida, cuyo cuello estaba rodeado de perlas en varias capas, se acercó con un vaso de agua y le preguntó: "Querida, ¿que ocurre? Parece que hubieras visto un fantasma". Eulalia, cuyo corazón se encontraba delicado después de varias operaciones, solo acertó a decir "Se lo han llevado", antes de desmayarse.
Atónita la audiencia, los cuchicheos, dimes y diretes aún continuaban cuando ella volvió en sí. Don Manuel, el médico, un hombre muy respetado estuvo presente e indicó: "Le tengo dicho, Eulalia, que no debe sofocarse ya que estos sustos no le van nada bien a su pertrechado corazón". Ella, con una mirada directa y un tono algo elevado para su habitual tono de voz, pero con la dureza típica de la gente del norte, afirmó: "Si usted hubiera visto lo que yo, no me hablaría de esa manera". Ella entonces comenzó a explicar que había acudido a la ermita, como cada jueves, a recoger la colecta y que, al abrir la reja, había descubierto que el santo no estaba. La ermita de San Roque, se encontraba en el monte abierto. Para acceder había que tomar un pequeño camino que salía desde el cementerio de la aldea. El camino, flanqueado por nogales centenarios en ambos lados era lugar frecuente de paseos y chismes de las mujeres que, ociosas, no encontraban mejor diversión. Al final, cerca del río, se ubicaba una pequeña laguna con nenúfares de color naranja, la cual era tan atractiva para los veraneantes para disfrutar de sus meriendas, como para los mosquitos en cuanto bajaba el sol. Todos ellos, siguiendo a Eulalia, se dirigieron a la ermita, para comprobar su razón. Y era cierto. La talla del siglo XI de San Roque con niño en brazos y perro expectante, había sido robada. Años más tarde se supo que el obispado había encargado una copia de la talla, que nunca sustituyó por la original para poner ésta a buen recaudo, no sé sabe muy bien por qué. Pero la historia aún perdura, pues nunca se supo quien fue ni que hizo con ella, y los niños aún juegan a detectives, tratando de averiguar qué ocurrió con San Roque.
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/consejoeditorial/2011/07/08/moodys-no-ha-robado-el-codice-calixtino.html

miércoles, 6 de julio de 2011

Todos somos Miguel Angel...

Hace catorce años, ese mismo día era sábado. Tras acabar el instituto con unas notas no demasiado brillantes, y con las mates como compañía eterna durante casi todos los veranos, realizó un viaje con su familia a la playa. Su carácter, difícil por naturaleza, y acentuado por lo que llaman "edad del pavo" se hacía insufrible (eso decía su madre, aunque a él le parecía que no era para tanto), junto con un calor particularmente acusado en la costa blanca.
Solía ir solo, con la única compañía de un discman, a pasear por la playa. Y hacerse preguntas sobre temas sin importancia: ¿cuando saldrá el próximo Warcraft? ¿qué harán hoy las chicos? ¿estará Alba en la piscina con su bikini azul cielo? ¿Cómo demonios funcionan los neumáticos de lluvia? Cosas de los 16, o eso dicen.
Después de comer, acudieron como siempre a la playa para tomar un baño. Dicen que es la peor hora por los rayos UV y los posibles cortes de digestión, esos de los que se advierte en todos los telediarios desde el mes de junio hasta casi octubre. Pero era una hora como otra cualquiera. Él, distraido, fue a darse un baño, tras una buena ración de filetes rusos y un generoso vaso de salmorejo (receta especial de su madre). El agua estaba buenísima. Limpia y fresca. Sin espumas ni algas, ni restos humanos, aparentemente, de ningún tipo. Incluso cerca de las rocas, el agua rompía con fuerza y podían verse pequeños bancos de peces, tratando de alimentarse. Cuando salió del agua, se dirigió a la sombrilla "arco iris" y se tumbó al sol. Tiritaba. El agua estaba fría y se agolpaba en pequeñas gotitas empapando el bañador vaquero comprado en las rebajas, y que tardaba una eternidad en secar.
Su padre, con el transistor en la mano, parecía tranquilo. Incluso a punto de iniciar una de sus siestas. Pero de repente se levantó, se cubrió la cara con las manos y sólo pudo decir: "Lo han hecho, es increible". Eran cerca de las cinco de la tarde.
El chico se acercó y sorprendido preguntó: "¿Qué te pasa? ¿Qué han hecho? ¿A quienes te refieres?". Sin mediar palabra, el padre comenzó a recoger todo el campamento. Cuando casi había terminado, llegó la madre con la pequeña, se miraron y decidieron que era el momento de irse.
El joven adolescente no entendía nada, pero no dejó de preguntar durante el tiempo que pasó hasta que llegaron a casa. Una vez allí, siguió preguntado y se dió cuenta de que no estaba en el mundo. Estaba sí, pero no "del todo". Recogieron todas las cosas porque el fin de semana había terminado para todos ellos. De camino en el coche, el chico seguía preguntando, ávido de una información que estuvo largo tiempo a su alcance, pero que nunca se había interesado en asimilar. Entrando en Sevilla podía hacerse ya una pequeña idea de lo que ocurría, aunque entendió que era un comienzo. Su comienzo.

miércoles, 22 de junio de 2011

Enseñar...

Érase una vez un panadero. No cesaba de ensayar harinas para hacer panes cada vez mejores. Diariamente, horneaba miles de hogazas. Entre tanto, estudiosos varios que jamás habían hecho un triste panecillo, escribían sobre el tema. Un día le pidieron que diera la ponencia inaugural en un congreso sobre panificación. "No puedo", les dijo, "ando ocupado haciendo el pan que os comeréis los congresistas". Quien sabe hacer las cosas, las hace; quien no sabe hacerlas, las explica; y quien no sabe ni explicarlas, las enseña. Es un chiste malicioso que cuentan los estudiantes, injusto con tanto profesor competente como hay. Pero descriptivo de la mediocridad real que, a lo largo de la historia, se adueñó de cátedras, tribunales y academias. ¿Quién enseña qué, hoy en día? ¿Qué sabrían de astronomía los oscuros inquisidores que condenaron a Galileo? En la Barcelona de hace un siglo, el cardenal Casañas, poseedor de sólidos desconocimientos en biología, hizo apartar de la universidad al catedrático evolucionista Odón de Buen a fin de preservar su propia ignorancia. ¿Cómo puede ejercerse el magisterio desde la ignorancia? Fácil: con aplomo. El aplomo con que los analistas financieros comentaban un mundo que no entendían antes de que se hundiera en sus narices. ¿Por qué deberíamos confiar en gente que se equivoca tanto, sean obispos, banqueros o catedráticos? Los panaderos de a pie empezamos a cansarnos de tanto yerro exegético de salón. Los postulados sostenibilistas vienen dando en el clavo; los desarrollistas, no. APRENDER. Quien siempre enseña nunca aprende. Aprender es una actitud. Una actitud ligada a la experimentación, además. Esa es la grandeza del método científico. Todo es revisable, cualquier certidumbre provisional debe ser recomprobada. Aprende el buen panadero que mejora la mezcla ya excelente que ensayó el dia anterior. No aprende el académico que refríe especulaciones. Y si paras de aprender, comienzas a ignorar. Aprender cuesta. Para empezar, es un acto de humildad. En segundo lugar, requiere esfuerzo. Esfuerzo, sobre todo, para subvertir los propios convencimientos. Por internet circula un video muy divertido en el que un monje medieval, experto en copiar rollos de pergamino, se enfrenta con un libro encuadernado. Se comporta como un aprendiz de informática ante un nuevo programa que desconoce. Esa es la gracia del gag: el monje no sabe abrir el libro, no sabe cerrarlo, no sabe pasar página... Aprender conlleva desaprender tics y malos hábitos, o buenos hábitos obsoletos. Recibo un e-mail con publicidad anglosajona pasada por un traductor automático: "Ahora usted no tiene la posibilidad de elegir entre su esposa y su satisfaccion bolsillo! Usted puede hacer cualquier reloj para ella, con su gusto y su presupuesto. Es sin duda gracias por su eleccion. Siempre estan listos para un muy importante". Aprender una lengua no es confiarse a un deficiente programa informático. El aprendizaje de las lenguas y de la panificación son "una larga experimentación", que decía Goethe. Una larga, laboriosa y humilde experimentación. El de la sostenibilidad, también. Lo digo porque es una de las cosas más importantes que ahora debemos hacer, en especial quienes ya lo saben todo sobre cuanto no hay que seguir haciendo. Si queremos salir adelante, claro.